jueves, 31 de julio de 2014

Mis días sin Fito


Mis días sin Fito fueron superlativamente tristes
no encontré una canción de Karina que me reanime
ni siquiera quemar cosas era ya mi reanimación
me hice amigo de la botella para recordar los tiempos con aquel borracho
Mis días grises llegaron y se instalaron, jamás entendí porqué en el noticiero nunca explicaron que durante un mes y diez días el cielo se mantuvo nublado.
Yo no entiendo del clima y no entiendo de Fito, Su casa en desorden, las ropas en el piso, los platos sucios, su cama en caos permanente, sus perros saltando en la calle, en el barro, en su cama, primero aquí después allá, o todo al mismo tiempo.
Saltando, jugando, mordiendo, orinando, copulando, una, dos veces, todo el tiempo, en la calle, en el barro, en la cama, todo al mismo tiempo. En el desorden de mis días sin Fito. El olor al sarna de su santo perfume, en la casa. Aún no logro entender cómo se puede abandonar a una persona embarazada. Aún no entiendo el cómo yo estoy embarazado ahora. Y cómo fito perdió la dignidad en ese acto cobarde.
Los borrachos nunca aprenden. Recuerdo mi padre
con sus numerosas familias. Alimentándolas de una a la vez, Primero aquí, luego allá. O todo junto al mismo tiempo.
¿Dónde está fito? Las pilas de ropas, oscuras, templadas, fundidas, se pierden entre la cama y la alfombra, entre el polvo y la pelusa, entre mi sombra y la ausencia de Fito.
""Fito querido te has ido y me has dejado preñado en la oscuridad de tu hogar, los días nublados despliegan su orgullo y no dejan pensar. Oh fito, volverás algún día trayéndome flores, flores del buen fumar, oh fito querido con tus manos radiantes y tu boca sonriente, tus dientes coquetos como tablero de ajedrez. Con el amor en los ojos y el olor al recuerdo que siempre volvés . Oh fito te extraño.""

lunes, 21 de julio de 2014

Me quedé sonriendo al perro
que de mis días se gastaba.
La calle mojada
la niebla creciente
Sus dichas eran otras
correr tras el rasante lucir rojo de los autos
Lo dejaron sin ladrido
y sin cola
Acurruqué mis manos en deliciosas caricias
abrazando lo que era un pelaje otrora
La carne marchita
con la que los dioses juegan a moldear sus criaturas
Abracé entonces una vidriera
de espejos sin forma que rugían
ladraban
y proyectaban un animal
envuelto en penumbras
y otro que al fin, siendo abrazado,
moría en paz
La mañana se habría llevado
las luces
los autos
la lluvia
y la niebla ocultaría las vergüenzas al mundo
del polvo en las manos
y un perro que vaga ahora
a una ciudad sin luces
ni autos
ni abrazos.

creí que estaba quieto y empecé a bailar si todo es un momento en este cuento yo no me quedo quieto nunca más creí que estaba muerto y ...